Se han reunido para fabricar nuevas narrativas que mantengan vivas sus viejas mentiras, como: “La cooperación público-privada es la clave para la prosperidad”

Por Myriam Hernández

Leer en Ingles



¿El Foro Económico Mundial o un viaje de esquí para el 1 %?

Mientras lees esto, jefes de Estado y corporaciones transnacionales se acaban de reunir en Davos, Suiza para su fiesta anual de esquí, también conocida como el Foro Económico Mundial. Ahí, a puerta cerrada, nuevamente se han otorgado a sí mismos el poder y la autoridad para debatir “asuntos globales”.

Se han reunido para fabricar nuevas narrativas que mantengan vivas sus viejas mentiras, como: “La cooperación público-privada es la clave para la prosperidad”, que es su código para que las empresas redacten las normas que les convienen, mientras los gobiernos miran para otro lado y no rinden cuentas por genocidios y ecocidios. O: “La inteligencia artificial y la tecnología ofrecen soluciones eficaces al cambio climático y la incertidumbre económica”, las presentan como oportunidades, pero en realidad son nuevas formas de llenar sus bolsillos a través de las crisis, convirtiendo la catástrofe climática, la precarización y el sufrimiento humano en modelos de negocio que mantienen el flujo de ganancias hacia el 1%.

Al menos, ya no niegan el estado de emergencia en el que vivimos. Pero nunca aceptarán su responsabilidad, y mucho menos reconocerán la urgente necesidad de reparaciones o justicia transformativa para el Sur Global. La verdad es que el Foro Económico Mundial no solo es moralmente problemático, sino que es peligroso para los intereses y las demandas del 99 %.

El 1 % se reunió, ¿y ahora qué? La resistencia del 99 se hace más fuerte
Después de un año de trabajo en la Alianza contra la Desigualdad (FIA), articulando con movimientos y colectivos en América Latina y el Caribe, mi mochila está llena de saberes que guardo cerca de mi mente-corazón, y que me permiten mantener el trabajo arraigado en la esperanza y el poder colectivo:

Nos manifestamos a lo grande. 
El pasado mes de noviembre, en Belém (Brasil), las caravanas de la COP30, llenas de activistas de todo el mundo, demostraron que los espacios dirigidos por los pueblos son los foros legítimos para conectar tradiciones, luchas y horizontes políticos que realmente se preocupan por todas las formas de vida. Unas semanas más tarde, durante la Cumbre de los Pueblos contra el G20 en Johannesburgo (Sudáfrica), #SomosEl99 y el paro nacional de mujeres, unieron tiempo y espacio para exigir un alto a las violencias de género y feminicidios.

Mantenemos el trabajo, como hormigas.
De El Salvador, uno de los lugares más peligrosos del mundo para defender los derechos humanos, he aprendido sobre las ingeniosas y valientes formas de sostener el trabajo organizativo a pesar del miedo y la represión: desarrollando habilidades, sosteniendo espacios de educación política, tejiendo ancestralidad en la vida cotidiana o cultivando huertas comunitarios. Es un trabajo casi invisible, casi bajo tierra, pero que muestra su poder cuando llega el momento.


Confrontamos al poder.  
Hay un costo alto. En esta era de polarización, si defiendes la dignidad y los derechos o desafías el modelo neoliberal, te etiquetan de comunista o terrorista. En Perú, junto con compañerxs, organizamos un espacio para reconocer el miedo, la desconfianza y la vulnerabilidad presente en todos los movimientos. Reflexionamos que, si bien es esencial defender nuestras verdades, también es importante mirarnos al espejo para reconocer el dolor, las opresiones y la necesidad de sanación dentro de nuestras propias luchas.

 

Photo Credit: Ana Zaldívar
Foto por: Ana Zaldívar


Nos atrevemos a sonreír.
“Nuestra alegría es nuestra mejor venganza”, me dijo Perla, de Paraguay. Si permitimos que la clase de Davos nos robe nuestros sueños, nuestra alegría y nuestra ternura, entonces sí habremos perdido de verdad. La ultra derecha y los grupos fascistas han ganado fuerza a través del fraccionamiento de movimientos sociales y alimentando la competencia y la división entre nosotrxs. Por eso, hoy nuestra resistencia también vive en un abrazo fraterno, en el cuidado sostenido y en bailar cumbias en las calles de la Ciudad de México hasta que nuestro mensaje sea escuchado.

Así que, para quienes no nos invitaron a Davos...
Generamos una fiesta alternativa. Para esta no se necesitaron visas, jets privados ni equipos caros para esquiar. Lo que hicimos fue activar espacios digitales para tejer conocimiento colectivo y visibilizar las consecuencias reales de lo que las élites discuten en Davos. Es decir: qué líderes políticos y corporaciones se reúnen allí y cómo sus planes y negociaciones afectan nuestra vida cotidiana.

Por ejemplo, mientras activistas en Mendoza, Argentina, organizaron protestas, asambleas populares y acciones culturales contra el megaproyecto minero San Jorge, de capital mayormente suizo. El presidente Milei viajó hasta allá para abrir las puertas a más inversión extranjera basada en el extractivismo y la explotación. Estas son las historias reales detrás de Davos, reiterando que este foro habla del destino de la gente, sin la gente. 


 

No hay licencia social para la meganineria
Foto por: Huella del Sur 


Seguimos precisando tu voz, tu valentía y tu colaboración para trazar una línea roja contra los multimillonarios y decir, alto y claro:
#LíneaRojaContraLosMultimillonarios
#AbyaYalaNoSeVende

Para más información sobre las acciones de Línea Roja:
Visita fightinequality.org y únete al movimiento.
Síguenos en Instagram, Facebook, X y LinkedIn  y FIA América Latina y el Caribe