El Mundial de este año es histórico porque, por primera vez en la historia, será organizado conjuntamente y de forma simultánea por tres países: México, Estados Unidos y Canadá. Sin embargo, en México dejará tras de sí una estela de consecuencias socioeconómicas negativas, entre ellas las enormes deudas que el Gobierno ha contraído para organizarlo.
Si bien este torneo congrega a una pasión global, hay que señalar que el mundial está diseñado en desventaja para los países en desarrollo que lo organizan. Esto no es casualidad, es un diseño deliberado para que el torneo mundial de fútbol beneficie económicamente a los ultra ricos y al Norte Global.
Para México, este efervescente festival futbolero ya llevó el país a la deuda, aceleró las desigualdades, y hizo todavía más difícil navegar el aumento rápido del costo de vida que hemos vivido a partir de la guerra en Irán. Este evento obliga a que entre en negociación los derechos de la gente, sus medios de vida y sus visiones de desarrollo por inversiones y la remodelación de instalaciones para lxs turistas del fútbol.
Desde fuera, podría parecer que México, Estados Unidos y Canadá somos iguales y buenos amigos, lo suficientemente cercanos como para cooperar y organizar juntos un evento mundial. Pero eso es una mentira.
Esta es la cruda realidad: la Copa Mundial de la FIFA se celebrará en México, pero lxs mexicanxs no estamos invitadxs. Los precios de las entradas están fuera de control, plagados de precios dinámicos, especulación y acceso restringido a quienes puedan pagar alrededor de 50,000 pesos mexicanos (2870 USD) por una entrada para la ceremonia de apertura. Esto es cinco veces el salario mínimo del país.
No solo se está excluyendo a lxs mexicanxs de los estadios, sino que también se les está expulsando del paisaje detrás de la Copa del Mundo. Existen evidencias de los desalojos forzosos de vendedores ambulantes y trabajadoras sexuales, así como de la gentrificación y la turistificación de barrios y espacios públicos, todo para satisfacer las expectativas de personas extranjeras con el anhelo de ver en México un paraíso del fútbol, y no un paraíso desigual y violento que México realmente es.
Miles de millones de dólares que se hubieran gastado en educación, salud e infraestructura local se están desviando e inyectando en proyectos de embellecimiento que renovarán superficialmente las tres ciudades anfitrionas, mientras que los hospitales públicos siguen enfrentando una grave escasez de medicamentos y las escuelas carecen de lo básico para brindar una educación de calidad.
La promesa del derrame económico que traerá este evento es otra mentira. Después de negociaciones con nuestro gobierno, la FIFA, asociación internacional rectora del fútbol, ha quedado exenta del pago de impuestos en México. Esto se acordó bajo la lógica de para qué cobrarle impuestos si la ferviente afición mexicana puede subsidiar los costos asociados a la construcción, el funcionamiento y la organización del evento.
Por el contrario, en Estados Unidos y Canadá, la FIFA pagará impuestos sobre las ganancias y los ingresos que genere. Así, los mexicanos terminamos una vez más pagando con impuestos para mantener a flote la deuda pública y luchando por cubrir necesidades como alimento y combustible.
A esto se suman los beneficios fiscales para multinacionales como Coca-Cola, Adidas, Aramco, Visa y otras. En otras palabras, parte de los costos del evento se están trasladando a las finanzas públicas pagadas por la clase trabajadora, permitiendo así que los intereses privados influyan en las decisiones públicas.
Mientras que la presidenta Claudia Sheinbaum anunció que se gastarían 2 mil millones de pesos (115 millones de dólares) en inversión pública solo en transporte para la preparación del torneo, la FIFA espera generar una cifra récord de entre 1.800 y más de 2.800 millones de dólares en ingresos totales por patrocinio y marketing, lo que marcaría los ingresos por patrocinio más altos de la historia para un evento deportivo independiente.
Si lxs mexicanxs estamos pagando la Copa del Mundo con dinero público, lo justo sería que todxs tuviéramos acceso a las ganancias para así contribuir al bienestar de todas las personas a través de una distribución equitativa. Pero lo que vemos es que la búsqueda de ganancias sin límites tiene prioridad sobre el interés colectivo y público.
En el momento en que se disputa la Copa del Mundo, el Tratado de Libre Comercio entre Estados Unidos, México y Canadá estará en proceso de renegociación. Este tratado no solo es económico, sino que también instrumenta la percepción de México como un territorio de mano de obra barata y explotación de recursos. Este es el vehículo por el que Estados Unidos gana una influencia en las políticas industriales nacionales, a través de mecanismos de cumplimiento estrictos. El doble juego no es una coincidencia, sino un claro recordatorio de cómo los sistemas están amañados para explotar y satisfacer los intereses de los multimillonarios y del Norte Global.
Pero hay otro campo de juego, mucho más ambicioso y equitativo: las calles. Desde las protestas del 28 de marzo frente al Estadio Azteca, la movilización social ha exigido «agua», «vivienda» y dignidad para los pueblos —no para lxs turistas del Mundial. Bajo el lema «fútbol sí, capitalismo no», nosotros, lxs mexicanxs, nos sumamos a la lucha por la verdad y la justicia económica. Son nuestras vidas las que están en juego, por lo que exigimos un cambio en las reglas del juego: por la vida, por los bienes comunes y por el fútbol para todxs.
El fútbol lo juega, lo paga y lo celebra la Mayoría Global, nosotrxs, el 99 %. Nosotrxs, quienes luchamos a diario para solventar el aumento del costo de vida. Por lo tanto, es justo que los ingresos que genera esta Copa Mundial se dispongan en prioridad a la gente común y la defensa de los derechos sociales y económicos, en vez de alimentar la codicia insaciable del 1%, los magnates de la FIFA y los superricos.
Myriam Hernández es coordinadora de la Alianza Contra la Desigualdad para América Latina y el Caribe. Firma la petición para exigir a tu gobierno que actúe frente al costo de vida: FightInequality.org